En el proceso de expansión urbana de Quito son reconocibles tres modelos de ciudad: la concéntrica, la lineal y la dispersa. La superposición de estos modelos a lo largo de la historia ha provocado que el desarrollo urbano de Quito sea complejo.

El primer modelo, el concéntrico, se remite al origen de las ciudades, y en el caso de Quito fue el modelo de ciudad predominante hasta mediados del siglo XX. Este se caracteriza por albergar una aglomeración de servicios y funciones tanto administrativas como comerciales y religiosas. Este modelo obliga que la residencia se encuentre entrelazada con las actividades económicas de la ciudad, concurriendo todas las dinámicas dentro del mismo espacio.

El Centro Histórico por ser el lugar de origen de la ciudad contemporánea, evidencia el modelo concéntrico del desarrollo urbano. En esta lógica, el CHQ es un espacio concentrado donde conviven una gran cantidad de grupos diferenciados, actividades económicas, expresiones sociales que dotan de sentido a la ciudad.

Centralidades urbanas en el DMQ

La ciudad ha sido constantemente definida como el centro de las interacciones sociales, donde una variedad de elementos urbanísticos actúan en conjunto configurando lugares de encuentro (Castells, 1974). Las prácticas sociales y la apropiación diaria del espacio urbano por parte de las personas, provocan la existencia de zonas estructurantes de concentración social. Estos espacios donde confluyen elementos urbanos heterogéneos de orden material y simbólico, se denominan centralidades urbanas.

Las centralidades “establecen una interrelación entre ciudad-sociedad-espacio” (del Pino, 2010, pág. 27). Según De Solá Morales (2008), las centralidades urbanas no son el resultado de acumular trama urbana, equipamientos, fachadas históricas y edificaciones monumentales, sino de la diversidad de personas y estructuras sociales que hacen que un espacio tenga significación. Son áreas donde concurren una gran cantidad y diversidad de elementos y relaciones urbanas: actividades, personas, espacios, situaciones sociales, etc., (Stanek, 2008), por tanto son espacios mixtos que concentran funciones fundamentales de la ciudad (Beuf, 2016). Las centralidades urbanas son espacios que poseen un carácter de representación y referencia colectiva específicos.

Las centralidades urbanas son tratadas de manera espacial y relacional, no solamente física, aceptando la diversidad que existe dentro de la ciudad y del espacio urbano. Esto quiere decir que las centralidades urbanas no se refieren a un espacio geográfico concreto e inamovible, sino a la situación y sincronía de actividades y personas en torno a un punto urbano que se configura como espacio de reproducción económica y política al mismo tiempo que se erige en referente identitario. Por lo tanto, son espacios complejos, con elementos que se condicionan mutuamente, flexibles y adaptables a las relaciones urbanas actuales y futuras.

Las centralidades urbanas se descomponen en  subcentralidades y microcentralidades, formando una constelación de núcleos de convergencia urbana y social, que son complementarios y concurrentes  (Panerai & Mangin, 2002). Poseen los mismos componentes y atributos que las centralidades, pero que por ser de menor dimensión, pueden ostentar particularidades en cuanto a uso y tipo.

Esto es propio de la dinámica de la ciudad dispersa que se expande y crece a partir de la afirmación de centralidades ya existentes y/o de la configuración de nuevas centralidades (ciudad concéntrica) y sus enlaces y conexiones entre centralidades (ciudad lineal). En la ciudad dispersa, los modelos de lo concéntrico y lo lineal no desaparecen, sino que se interpenetran. (Echeverría, J. 2018). Cada centralidad puede ser observada de manera autónoma. Esto posibilita descubrir las especificidades de uso y ocupación del espacio público que se dan al interior de una centralidad, lo que permite definir, en una escala más acotada, distintas centralidades o formas específicas de ocupar el espacio urbano. Desde esta perspectiva, se observó a dos barrios del Centro Histórico, el Tejar y San Juan, con el propósito de establecer los usos del espacio público y caracterizar la persistencia y actual configuración del modelo de ciudad concéntrica en el Centro Histórico.

Fuente: Echeverría, J. Revista Cuestiones Urbanas, Vol 6, No1, 2018.

 

El centro histórico como centralidad distrital

El Centro Histórico es el núcleo de asentamiento colonial y expansión de Quito. Es un núcleo urbano geográficamente evidente y su importancia como centro de actividades sociales, económicas y culturales, se ha mantenido durante gran parte de la historia de la ciudad (del Pino, 2010). A pesar de la expansión de la ciudad y de la reducción del número de residentes (Empresa de Desarrollo Urbano de Quito, 2009), este sector de la ciudad sigue consolidado como una centralidad urbana de gran relevancia dentro del DMQ.

El Centro Histórico de Quito ha sido entendido de manera general como una centralidad metropolitana histórica, cultural, y administrativa. Sin embargo el título de patrimonio arquitectónico y urbanístico que posee desde 1978, ha provocado que la concepción de la centralidad establecida desde la administración pública y el sector turístico, ignore ciertas dinámicas urbanas que son parte fundamental de este espacio. Esto se debe a que los centros históricos pueden ser enfrentados desde dos perspectivas opuestas. La primera, propuesta por la UNESCO, está ligada a la protección y conservación estética del paisaje urbano histórico, siendo este un emblema que se transmite a generaciones futuras (UNESCO, 1972). Por su parte, la segunda perspectiva, asume los centros históricos como un espacio multidimensional, de relaciones sociales, culturales y económicas,  que al igual que la ciudad, están en constante adaptación y reconstitución. Esta perspectiva se relaciona con el entendimiento de la ciudad como un espacio móvil, flexible y en constante cambio.

El centro histórico, por su alto grado de aglomeración y configuración en la topografía del territorio, por su presencia institucional y atractivo comercial y turístico, es una centralidad prototípica del desarrollo urbanístico de Quito. A su vez está conformado por subcentralidades específicas y por microcentros: nodos de aglomeración del barrio, ejes comerciales, instituciones administrativas, o nodos emergentes (Panerai & Mangin, 2002). Identificar estas microcentralidades y representarlas caracterizando las actividades en el espacio, permitirá crear estrategias para transformar, fortalecer, equilibrar o estructurar la dinámica funcional urbana de estos fragmentos complejos.

Microcentralidades urbanas en los barrios de San Juan y El Tejar

Para obtener los resultados que se presentan a continuación, se mapeó y analizó la presencia y ubicación de actividades económicas, equipamientos  urbanos e instituciones de administración pública, flujos peatonales y de transporte y nodos de espacio público que actúan como atractores de actividad. La delimitación de microcentralidades en estos barrios tipo ubicados en la envolvente occidental del centro histórico permite observar a nivel de manzana la coexistencia y mutua influencia de complejas dinámicas comerciales y residenciales así como de movilidad que se reproducen con énfasis diferenciados en el conjunto del entramado urbano de esta zona histórica de la ciudad.    

El Tejar

Desde hace varias décadas, el barrio es caracterizado por ser un espacio de intensa actividad comercial, donde es posible encontrar ventas al por mayor y menor de textiles, ropa, artículos de bazar, y electrodomésticos. A pesar de ser un sector altamente comercial, el área de estudio de El Tejar tiene un componente de uso mixto y residencial hacia la ladera del volcán Pichincha (occidente). De este análisis de actividades comerciales, flujos de movilidad peatonal y vehicular, y nodos de espacio público, se determinan dos centralidades en el Tejar.

 

Microcentralidades urbanas: El Tejar - CHQ

Fuente: Instituto de la Ciudad

Elaboración: Instituto de la Ciudad

 

La primera microcentralidad además de tener carácter comercial, es de transporte y movilidad. Tiene como núcleo la plaza pública de la calle José López, por donde circula un intenso flujo peatonal, de transporte público y vehicular. La microcentralidad incorpora hacia el occidente el nodo de la parada El Tejar, así como las zonas comerciales aledañas en las calles Hermano Miguel, Chile y Mejía. Se encuentra rodeado de locales comerciales que copan las plantas bajas de las edificaciones y los Centros Comerciales Nuevo Amanecer y El Tejar.

 

 

 

Esta microcentralidad es un espacio muy dinámico. Además de locales formales, existe una variedad de vendedores autónomos con puestos fijos y ambulantes en las calles, veredas y plazas. Existe bastante desorden ya que el espacio físico no está diseñado para las actividades que se congregan en la zona. Por ejemplo, la descarga de mercancías se realiza en el mitad de las vías, provocando que los estibadores tengan que mover grandes cargas, de manera insegura, por la calle; los centros comerciales y ciertas manzanas del sector están implantados a distintos niveles de la calle, deprimidos y elevados con muros de contención, lo cual dificulta el movimiento de los peatones, causando que las personas transiten por la calzada. A pesar de estos condicionamientos físicos, este espacio mantiene su importancia, uso y representatividad dentro del barrio.

 

Locales comerciales aledaños al Centro Comercial Hermano Miguel de El Tejar 

Parada de El Tejar           

Plaza frente al Centro Comercial Nuevo Amanecer en El Tejar

 Fotografías: Instituto de la Ciudad

 

La segunda microcentralidad comercial que se identifica en El Tejar tiene como núcleo el nodo de la esquina de ingreso a los Centros Comerciales Gran Ipiales Hermano Miguel, La Merced y Mercado Ipiales, en las calles Imbabura, Chile y Hermano Miguel. Los dos nodos mencionados, se encuentran conectados por los flujos peatonales y vehiculares intensos que circulan por la calle Chile. La microcentralidad se extiende hasta el nodo de la Plaza de La Merced, el cual es el inicio de la intensa actividad comercial de la calle Chile. La microcentralidad, se encuentra limitada por grandes equipamientos -convento e iglesia de La Merced, convento de San Francisco- que detienen la expansión del comercio.

La actividad económica es variada, sin embargo es notable la predominancia de locales de confección y vestimenta, y artículos para el hogar. El comercio tiene copadas las plantas bajas de las edificaciones y se ha extendido de manera vertical, hacia un gran número de plantas altas, y horizontal ocupando las aceras como espacios de venta. Esta expansión horizontal en el espacio público es tanto de comercio fijo como de comercio ambulante. El cruce de vías vehiculares, el intenso flujo peatonal, la presencia de ventas en el espacio público, generan confusión para entender el espacio y bloquean el fácil movimiento por la zona. A pesar de ser un espacio conflictivo y no estar diseñado para recibir la carga de actividad existente, esta microcentralidad evidencia un gran uso del espacio público y de una variedad de actividades sociales.

 

 

 

Fotos: Instituto de la Ciudad

 

San Juan

San Juan es el barrio del límite norte del Centro Histórico. Es actualmente la entrada y salida desde el norte de la ciudad al Centro Histórico, algunas de las calles principales del sector (Venezuela, García Moreno y Benalcázar) atraviesan el barrio.

La loma de San Juan es una zona histórica de la ciudad. Ha sido caracterizado como el balcón de Quito por su elevación topográfica por sobre el núcleo histórico. San Juan es un barrio que se extiende fuera del límite del Centro Histórico, llegando hasta el Centro de Arte Contemporáneo CAC, y siendo un nexo entre el Quito histórico y el Quito moderno que se extendió hacia el norte por El Ejido y  La Mariscal. Aquí se aprecia con claridad la superposición de los modelos lineal y concéntrico propios del desarrollo urbanistico de la ciudad.

Microcentralidades urbanas en San Juan - CHQ

 

Fuente: Instituto de la Ciudad

Elaboración: Instituto de la Ciudad

 

La primera microcentralidad que se extiende a ambos lados de la calle Carchi, partiendo dela calle Cuenca hacia la Panamá y la calle Nueva York, es de carácter barrial local y sirve a las necesidades de la vida cotidiana de las personas residentes de San Juan. Tiene como núcleo el nodo de espacio público de la calle Carchi entre Cuenca y New York. La microcentralidad al ser de carácter local no se extiende ampliamente por el barrio, sino que mantiene el núcleo como lo más importante. Por la calle Carchi circula el flujo de transporte público, peatonal y vehicular predominante del sector y es posible encontrar varios locales comerciales como cybers y panaderías.

En esta primera microcentralidad, el tipo y cantidad de comercios no generan desorganización en el espacio público urbano, tampoco es posible encontrar ventas ambulantes. Por la topografía del sector, el espacio público tiene una pendiente bastante pronunciada sin embargo la actividad social y las interacciones se dan en veredas, calles y graderíos. Si bien por esta microcentralidad circula el flujo principal del sector, es un flujo de intensidad local, por lo que no genera inseguridad y riesgo para las personas que se encuentran en las calles.

 

Niños jugando en la calle Carchi en torno al cyber café barrial  

      Tienda de víveres en San Juan

Fotos: Instituto de la Ciudad

 

La segunda microcentralidad, que se extiende desde  la calle Vargas hacia la calle Venezuela, en límite con la calle Esmeraldas y Carchi, es de carácter comercial. Si bien San Juan se caracteriza por ser un barrio residencial, la zona baja del barrio tiene una intensa actividad comercial. La microcentralidad tiene como núcleo la calle Vargas entre las calles Galápagos y Caldas, y se extiende hasta incluir los nodos de espacio público aledaños. El primero es el Parque García Moreno, y el segundo es la esquina de las calles Galápagos y Guayaquil, ambos nodos tienen una estrecha relación con la actividad económica del sector. La microcentralidad se ve limitada por la presencia de grandes condominios habitacionales que existen en el barrio y restringen la actividad comercial en plantas bajas.


Las actividades económicas son variadas pero se evidencia una predominancia de venta de materiales y acabados para la construcción, y la oferta de servicios como imprentas. El comercio se aglomera en las calles Guayaquil y Vargas, ocupando gran parte de las plantas bajas de las edificaciones. El flujo peatonal es intenso en esta microcentralidad, tanto por la actividad económica como por el gran número de cooperativas de transporte que van hacia el norte de la ciudad y circulan por el sector. Esta microcentralidad se ve favorecida, y dinamizada por el ensanchamiento de la calle Vargas (un carril de parqueo y 2 carriles de circulación), que permite veredas de mayor sección y el parqueo de vehículos en la calzada favoreciendo la carga y descarga de los compradores y distribuidores.

 

lmacenes de cerámica en planta baja en la Calle Vargas   

   Parque García Moreno

Fotografías: Instituto de la Ciudad

 

La Plaza Arenas, si bien se encuentra fuera del límite del área de estudio, es un espacio icónico de comercio del CHQ, y es parte importante del movimiento comercial de la calle Vargas y por tanto de esta microcentralidad. La variedad de actividades: recreativas, económicas, residenciales, y de transporte público, hacen que la microcentralidad sea un espacio activo y complejo, debido a que ocupa un lugar estratégico en el comercio, el empleo, la provisión de servicios y, principalmente, el abastecimiento de materiales para la construcción y acabado de edificaciones.

Centro comercial artesanal Arenas o Plaza Arenas

 

Conclusiones

El análisis de microcentralidades dentro de los barrios del Centro Histórico de Quito permite observarlos a detalle y reconocer las características específicas que poseen; el Tejar un espacio altamente comercial con microcentralidades ligadas al agrupamiento de locales, almacenes y bodegas instaladas en el sector, y San Juan un barrio con características residenciales de larga data, que aportan con su especificidad a la actual funcionalidad y lógica de reproducción tanto del CHQ como del resto del sistema urbano. Ambas configuraciones territoriales permiten el enlace entre las lógicas propias de la ciudad concentrica con aquellas propias de la ciudad lineal; tanto el ser puerta de entrada  y salida del Centro Historico por su vertiente occidental, como el alojar a un centro de alta actividad comercial que abastece al conjunto de la ciudad, hacen que este sector asuma particular relevancia en el desarrollo urbanístico.    

La importancia de la determinación de microcentralidades en la configuración  de  la ciudad radica en la comprensión de las dinámicas económicas asi como en la generación de identidad y pertenencia de sus habitantes; la investigación al combinar aproximaciones metodologicas cuantitativas y cualitativas permite reconocer las distintas producciones de sentido que sus habitantes atribuyen al espacio socialmente construido. Ello da cuenta de la evolución de las formas adaptivas que presentan los hechos urbanos en el transcurso de la historia, en este caso de dos importantes sub centralidades del CHQ.  Las microcentralidades que se instalan en estas subcentralidades a las cuales las reconocemos como barrios del Centro Histórico, permiten pensar en el potencial que tiene cada una de ellas y su aporte en la consolidación del Centro Histórico como una centralidad metropolitana así como identificar bordes o transiciones entre los modelos de ciudad. El CHQ es un espacio en constante transformación y cambio, más aún en los próximos años con el funcionamiento del Metro de Quito que llegará a la Plaza de San Francisco y al Parque de La Alameda; seguramente muchas de las características que actualmente poseen estas subcentralidades se verán modificadas, por lo que resulta relevante entender la realidad actual para poder proyectar el futuro y medir los sentidos y la direccionalidad de los cambios en el espacio urbano y sus dinámicas.

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