La expansión urbana genera un paisaje en el que los bosques no están fuera de la ciudad sino que son parte de un continuo urbano-forestal correspondiente a la ciudad dispersa. Los bosques pasan de ser sistemas meramente biológicos a ser sistemas socio-ambientales en los cuales interactúan elementos sociales: personas que los visitan y recorren, viviendas, complejos industriales, cultivos, prácticas de aprovechamiento forestal, etc.  En estas condiciones, la posibilidad de generación de incendios se incrementa; el fuego deja de ser un mecanismo natural en la sucesión ecológica y se constituye como factor destructivo. Los elementos causales dejan de ser naturales (condiciones ecosistémicas de clima, suelo, vegetación…) para dar paso a la predominancia de elementos antrópicos, intencionales o no.

Los incendios forestales son experiencias traumáticas para un sistema socio-ambiental. El grado de intensidad de los daños sobre un ecosistema está en relación directa con su capacidad de recuperar sus condiciones de autoreproducción luego de una experiencia traumática. Este es el principio general de la resiliencia,  que presenta tres momentos en su gestión: prevención, intervención, remediación.

La prevención tiene que ver con la anticipación del daño. Un sistema inteligente lo anticipa  y modifica su comportamiento para evitarlo o disminuir las posibilidades de afectación al mínimo. De darse, un sistema inteligente sabe cómo responder de manera eficiente y cómo recuperarse/ adaptarse. La catástrofe es entonces un mecanismo de evaluación y aprendizaje.

La gestión de los incendios: Experiencias a nivel global.

El tiempo propicio para los incendios es el verano. Con la sequía, se genera una emisión intensa de etileno que junto con el material leñoso seco generan las condiciones propicias para un incendio. En Europa, en lo que va de 2017, según el Sistema europeo de información sobre incendios forestales (EFFIS) se han multiplicado por tres los incendios. En este año se produjeron 677, cuando entre 2008 y 2016 hubo 215. El cambio climático sería el principal responsable, además de que las temporadas de sequía duran más y aumenta la frecuencia de incendios.

Según un experto, miembro del Instituto Forestal Europeo, los incendios en los países europeos se propagarán aún más en el futuro ya que el verano será más largo y las temporadas más calurosas. Es así que países como Portugal, España, Italia o Croacia sufren altas temperaturas acompañadas de largos periodos de sequía. Adicionalmente, en 2016, un estudio de la Universidad de Leicester, reveló que Cataluña, Madrid, la Comunidad Valenciana y Andalucía, son las regiones europeas donde hay más riesgo de incendios forestales, siendo una amenaza para sus habitantes. Sin embargo, según los expertos, en los próximos años se producirán incendios en países como Alemania, Austria, Dinamarca, Holanda o Suiza.

Para establecer estrategias de prevención eficaces y manejar de la forma más eficiente posible este tipo de catástrofes naturales cuando se producen, los cuerpos de extinción utilizan modelos matemáticos de predicción y de propagación a partir de la caracterización y la tipología de incendios que les permitieran prever qué comportamiento tendrá el fuego. Lo que se busca es entender matemáticamente de qué manera afecta el fuego a la vegetación, si esta se regenera o no, si afecta a la probabilidad de que esa zona vuelva a arder, etc. Adicionalmente, hay otras herramientas como los satélites que detectan puntos calientes, establecen dónde está el foco del incendio y actualizan cada cuatro horas su posición, a esto se suma el uso de drones, útiles para calibrar la información obtenida del satélite.  Una de las estrategias más revolucionarias es la implementación de sensores que mejorarán la seguridad de los bomberos y la efectividad de las estrategias de prevención y extinción. Con ellos, se podrá sensorizar la montaña y el bosque, saber qué humedad tiene el subsuelo, el estado hídrico de las plantas y su nivel de estrés.

En Latinoamérica, muchos países también sufren de incendios forestales ocasionados en la época seca. La atención a los incendios forestales se trabaja bajo la figura de emergencia en la que participan distintas instituciones como bomberos, policía y comités especializados. En Chile la Corporación Nacional Foresta (CONAF), estableció dos sistemas de protección. El primero, de carácter privado en el que participan empresas dueñas de grandes plantaciones; el segundo, de carácter público, donde Estado da cobertura a pequeñas y medianas plantaciones y a la interface urbano-rural.

En Uruguay existe una ley que regula la prevención de incendios forestales  y desde el 1 de diciembre de cada año hasta la segunda quincena de abril del año siguiente está prohibido realizar fuegos y quemas al aire libre en todo el país. Esto tiene que como objetivo prevenir los incendios forestales durante el verano. En este país existe un índice fijado a diario por Meteorología, que se tiene en cuenta para programar y realizar actividades que directa o indirectamente impliquen riesgo de incendio. Es necesario mencionar el Plan general de Acción para la Prevención, Alerta y Respuesta a los Incendios Forestales, elaborado por Bomberos y el SINAE para prevenir la aparición de focos ígneos, y alertar y responder rápidamente si se producen, evitando que se transformen en incendios forestales de magnitud.

En Ecuador, la Secretaría de Gestión de Riesgos y el Ministerio del Ambiente trabajan en el control y la prevención de incendios forestales. El Ecuador cuenta con un Plan de Contingencia de Incendios Forestales; (Ministerio del Ambiente) en él, se establece que la principal causa de incendios forestales es de origen antropogénico, sobre todo por el uso del fuego como herramienta para las labores agrícolas. El MAE señala que el 70% de los incendios forestales son provocados de manera intencional, el 25% ocurren por negligencia y el 5% son de origen natural. Cuando ocurre un incendio forestal, se lo trata como una situación de emergencia que es atendida de manera interinstitucional: Secretaría Nacional de Riesgos, Cuerpo de Bomberos, Fuerzas Armadas, Gobiernos Autónomos Locales, Comunidad.

Ecosistemas en riesgo en el DMQ.

El entorno del DMQ está conformado por un amplio patrimonio natural (60,7% de su territorio) cuya conservación y gestión implica capacidad de establecer prácticas sostenibles de interacción entre los agentes biológicos y antrópicos del sistema. Al ser la capital político-administrativa del país, el DMQ concentra gran cantidad de población a nivel nacional (15,5%), lo cual ha supuesto un crecimiento paulatino de la mancha urbana. Según el Atlas Ambiental “El incremento de la mancha urbana y cultivada evidencia [..] una acelerada dinámica productiva y constructiva en los últimos cinco años, en los que prácticamente se duplica su superficie en construcciones de baja densidad en las áreas periféricas” al mismo tiempo “la expansión de la frontera agrícola, la explotación de bosques naturales para la extracción de madera y el crecimiento urbano han reducido drásticamente la extensión de bosques naturales del país y han generado una presión creciente sobre el uso del suelo, lo que ha provocado disminución de los caudales y decrecimiento de las reservas de agua”

Teniendo en cuenta estos datos, se establece que la presencia de factores antrópicos supone un riesgo posible en cuanto a la conservación ecosistémica del DMQ, con los incendios forestales como una de las principales causas de deterioro ambiental.

MAPAS COMPARATIVOS COBERTURA VEGETAL Y RIESGOS DE INCENDIOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Atlas Ambiental del DMQ, 2016

Elaboración: SICOMS

Como se puede observar en los mapas los tipos de cobertura vegetal más vulnerables a los incendios son los arbustos secos y los pastos. En el DMQ se han identificado las zonas con mayor vulnerabilidad que se corresponden con las parroquias ubicadas al nororiente del DMQ: Ilaló, Calacalí, Puéllaro, Perucho, Llano Chico, Calderón, Nayón y ciertas zonas muy puntuales de Calacalí, Nono y Lloa.

Estrategia municipal de atención de incendios en el DMQ.  

En  el Distrito Metropolitano de Quito, la política A3 del Plan Metropolitano de Ordenamiento Territorial dice: Garantizar la sostenibilidad local del territorio enfocado a la reducción y compensación de la huella de carbono y a la resiliencia del DMQ frente al cambio climático, señalando como objetivo: la ciudadanía y los sectores de mayor emisión han reducido su huella de carbono, y se potencian proyectos de compensación. La línea de política en la gestión para enfrentar el cambio climático incluye los aportes del Diagnóstico de Resiliencia para Quito, el cual identifica la necesidad de estrategias de identificación de riesgos, herramientas de monitoreo permanentes y regulaciones normativas que permitan incrementar la capacidad adaptativa del sistema urbano frente a diferentes tipos de riesgos, incluidos los incendios forestales.

La Secretaría General de Seguridad y Gobernabilidad ha implementado el proyecto Quito Listo (www.quitolisto.gob.ec) con la finalidad de lograr una acción interinstitucional para la mitigación, atención, respuesta y gestión de riesgos: actividades volcánicas, inundaciones, movimientos en masa, remolinos de viento, incendios forestales, sismos, accidentes de tránsito, prevención y control de normas constructivas. En esta estrategia, los incendios forestales son tratados en el marco del riesgo. Por inicio del verano, el Cuerpo de Bomberos del Distrito Metropolitano de Quito activó el “Plan de Prevención y respuesta ante incendios forestales 2017”[1] que contempla diferentes acciones: mitigación, monitoreo, vigilancia, preparación táctica y respuesta, y capacitó a 60 bomberos forestales comunitarios.

Resiliencia urbana y regeneración post-incendio.

La gestión de los incendios forestales demanda de una adecuada prevención que pasa por la concientización, considerando que el principal factor de generación de incendios forestales es humano, y por la posibilidad de identificar y monitorear permanentemente el riesgo de incendios.

Para la atención y control de un incendio forestal, que se configura como una situación de emergencia, se requiere de la acción coordinada de varias instituciones cuya capacidad de respuesta tiene que ser rápida y eficiente en base a la capacidad previsora que posibilitan los diagnósticos.

Sin embargo, la gestión no concluye con el control del incendio forestal, sino que continúa con las acciones post-incendio que permitan una adecuada regeneración del bosque y una remediación del sistema socioambiental afectado por el incendio. Este aspecto no ha sido considerado suficientemente dentro de los planes, como se puede mostrar en la tabla:

 

Puntos de vista PREVENCION INTERVENCION REMEDIACIÓN
Principio general de la resiliencia Anticipar el daño Enfrentar el daño. Momento de emergencia Aprovechar los daños. Recuperar la capacidad de autoproducción
Quito Listo Concienciación Capacitación Prevención Respuesta  
Cuerpo de Bomberos del DMQ Prevención Mitigación Monitoreo Vigilancia Preparación táctica y respuesta  
Plan contra incendios Cuerpo de Bomberos 2017
Prevención Respuesta  
Unión Europea Monitoreo tecnológico, detallado, a nivel de sensores    
Chile, Uruguay, Ecuador Capacitación Concientización Monitoreo Emergencia  

 

Al respecto, en el 2016, el Instituto de la Ciudad, mediante su programa de becas, desarrolló la investigación EVALUACIÓN DE LA REGENERACIÓN NATURAL POST INCENDIO EN UN BOSQUE DE EUCALIPTO EN EL DMQ: IMPLICACIONES PARA SU MANEJO. Se trató de una investigación de caso (El cerro del Auqui) cuyos resultados pueden aplicarse a otros bosques del Distrito Metropolitano de Quito con similares características.

Figura 3. Cronología de incendios en la zona del Auqui en los últimos diez años.

Fuente: Estudio Evaluación de la Regeneración natural postincendio en un bosque de eucalipto en el DMQ. ICQ- 2016

Elaboración: SICOMS

La investigación da cuenta de la dinámica socio-ambiental y ecológica de este sector referida a las causas y efectos de los incendios forestales y las formas de regeneración de los bosques afectados. Para cubrir el aspecto socioambiental, se aplicaron dos técnicas de investigación: encuestas semiestructuradas y mapas parlantes. Los aspectos ecológicos abordados en la investigación fueron: regeneración vegetal post-incendio, invertebrados asociados a la regeneración post incendios y restos leñosos, árboles muertos en pie y árboles residuales asociados a la regeneración natural post incendio. Los principales hallazgos de la investigación y que podrían aplicarse a sistemas socioambientales similares del observado en el Cerro El Auqui son:

  • El proceso de regeneración natural post incendio puede ser tratado como una oportunidad. Luego de un incendio, se desatan procesos de regeneración natural que pueden ser orientados para la reconstitución de bosques con plantas nativas. Para esto se requiere controlar el repoblamiento de plantas invasoras e introducidas luego del incendio.
  • Las prácticas agrícolas de quema, al ser controladas, no constituyen un factor directo y mecánico para la generación de incendios. Lo que sí se pudo observar fue que la falta de brechas cortafuegos pone en riesgo a los cultivos en caso de un incendios. Este mecanismo de prevención está ausente en la mayoría de los cultivos del sector.
  • La quema de basura resulta más problemática que la quema agrícola. En el sector del bosque el Auqui, el sistema de recolección de basura es deficiente, lo que condiciona para que los pobladores continúen con la quema de basura. De contar con un sistema más eficiente, se reduciría la práctica de quema de basura.
  • Luego de un incendio y como medidas para disminuir las posibilidades de su repetición y propagación, se recomienda retirar los leños en el siguiente orden: leños finos, árboles muertos en pie para reducir el efecto escalera, y los leños gruesos.
  •  Los efectos negativos de un incendio no se limitan a la quema del bosque, sino a la modificación de otros sistemas biológicos, como el de los insectos. En la investigación se observó que en el proceso de regeneración ciertas comunidades de insectos se afirmaron frente a otros, con lo que se alteraron los controles biológicos entre insectos, dando pie a la posibilidad de plagas que afectan a las actividades humanas y productivas en el sector. 

El incendio forestal como dispositivo de reflexividad

Los incendios forestales actuales son parte de la experiencia de la ciudad dispersa pues  conforme la ciudad se expande, incorpora bosques como un elemento más de su morfología y permite la emergencia de sistemas socioambientales forestales. En este contexto, los riesgos de incendios exigen capacidad de monitoreo para su prevención  y respuesta eficiente para controlarlo, en caso que ocurran.

Las experiencias internacionales citadas en este análisis dan cuenta de las diversas herramientas utilizadas para el manejo de los incendios forestales y pueden servir de ejemplo para el mejoramiento y la inversión en instrumentos que permitan que los organismos e instituciones involucradas en la prevención, intervención y remediación, mejoren su respuesta ante este tipo de emergencias. Resulta interesante observar cómo los sistemas de información sobre incendios forestales, modelos matemáticos de predicción y de propagación a partir de la caracterización y la tipología de incendios, satélites, sensores y drones contribuyen de manera amplia para que los equipos de respuesta afinen sus planes de actuación ante las emergencias.

El esquema general de la gestión de riesgos diferencia tres grandes momentos: prevención, la atención a la emergencia, la recuperación del sistema. Es en este último punto en donde la gestión no debe descuidarse para aprovechar la catástrofe de manera creativa y dar paso a la remediación, en el caso de los incendios forestales, de los sistemas socioambientales que han sido afectados. Los datos arrojados por la investigación del ICQ pueden ser útiles al respecto en tanto parten de una constatación empírica de los efectos traumáticos del incendio sobre el territorio.

[1] https://www.bomberosquito.gob.ec/bomberos-quito-activo-el-plan-de-prevencion-y-respuesta-ante-incendios-forestales-2017/