La movilidad urbana se constituye actualmente en uno de los temas centrales de tratamiento para enfrentar las complejidades del desarrollo de las ciudades. Quito no es la excepción. Según la Encuesta de Movilidad realizada por la empresa Metro Madrid, en el 2011, el 61,5% de la población de Quito usa transporte público -que comprende transporte público general (52,2%) y transporte escolar y de empresa (9,3%)-, mientras que el 22,6% utiliza su vehículo privado -que comprende automóvil (19,5%) y taxi (3,3%). El restante 15,6% se moviliza a pie (15,3%) y en bicicleta (0,3%). Es decir que un 77,2% de habitantes de Quito no circulan en vehículo privado. Si a este dato añadimos el que la mayoría de la PEA se ubica en las zonas consideradas periféricas de la ciudad (INEC 2010), que la mayor densidad poblacional se encuentra en estas zonas y que la oferta de empleos está en las zonas más céntricas de la ciudad, tenemos claramente el perfil de una población con serios problemas de movilidad, entre ellos, con un alto desperdicio de tiempo que podría ser dedicado a actividades productivas o de disfrute.
 
Justamente uno de los indicadores de bienestar que hacen parte de la planificación urbana, es el del uso del tiempo, lo que se mide mediante la contabilización del tiempo de traslado de una persona desde y hacia su lugar de trabajo, estimar cuanto este representa en su día útil. La mayoría de la PEA hace largos viajes desde las zonas periféricas hacia el centro de la ciudad para trabajar, lo que ocupa una gran parte de su día solamente en traslados. Cabe mencionar que los traslados no son necesariamente cómodos ni placenteros, y que son muchas veces inconvenientes, inseguros e indignos, por la altísima aglomeración de personas en las unidades de transporte en horas pico. Aunque los atascos de tráfico sean parte del día a día de quienes habitan en mega ciudades, es muy distinto esperar en el auto propio, que en un bus de transporte público.
 
Todo esto nos lleva a reflexionar sobre formas de movilidad diferentes a la que se realizan sobre ruedas, que en una ciudad cuya geografía es tan accidentada, ayuden a salvar empinadas cuestas a los ciudadanos que viven en las partes altas y alejadas de la ciudad. Ciudades con geografía similar a la nuestra, como Medellín, encontraron en el uso de teleféricos la solución ideal para los moradores de este tipo de barrios. Es así que desde el comienzo de la administración del Alcalde Mauricio Rodas (2014), se pensó en esta solución como una forma de integrar a los barrios más altos y por ende con mayores problemas de movilidad a la trama del transporte público de la ciudad. Este proyecto, en ejecución, es el que se ha denominado QuitoCables.
 
El 6 de mayo se cumplió un año desde que Mauricio Rodas diera inicio simbólico a los trabajos de construcción en el sector de La Argelia (en el sur de la capital). En diciembre del 2015 el Municipio firmó un acuerdo con la Escuela Politécnica Nacional (EPN) para efectuar estudios complementarios de la línea norte. El Alcalde indicó que con la entrega del estudio empezaría la construcción de esa línea, cuya inversión será de $ 40 millones. Justamente por la construcción de esta línea denominada Pisulí-Roldos, se ha levantado una polémica con los habitantes de la urbanización El Condado, acerca del trazado del proyecto.
 
Según Lothar Ranft, vocero de la urbanización, el proyecto "no es viable” ya que únicamente lo utilizarán un aproximado de 2 000 personas de los barrios altos por lo que “si se beneficia a tan pocas personas no es factible su construcción, además de que se demorarán en viajar un tiempo similar al actual”. A esto, Darío Tapia, secretario de Movilidad, indicó que el proyecto Quitocables beneficiará a 200 000 personas. Los 30 buses que sirven en Pisulí, además de ir llenos, se demoran una hora y media desde la Pisulí o desde La Roldós hasta La Ofelia, por lo que este proyecto piensa en la gente que no tiene recursos y no “solo en 25 personas que temen por su privacidad” (El Comercio, mayo 13). Además el Secretario de Movilidad respondió que no se afectarán viviendas, veredas o calles ya que las torres se edificarán en dos terrenos baldíos. (Ídem) Las cabinas del sistema recorrerán 3,7 kilómetros desde La Ofelia hasta La Roldós en 13 minutos. (El Comercio, mayo 16)
 
En otras notas técnicas se detalla que esta línea tendrá dos estaciones: Mariscal Sucre y Colinas del Norte y pasará por el estadio de Liga, El Condado, tres quebradas y otros. La línea no llegará a Pisulí, pero habrá una estación de transferencia de buses para llevar a los usuarios desde y hacia las cabinas, que saldrán cada minuto en promedio. Las paradas serán multimodales, es decir integran los diferentes sistemas de transporte como los cables, los corredores y el Metro con un solo pasaje. Este proyecto -de carácter social-, transportará a un promedio de 30 000 personas diarias a través de 132 cabinas. La obra empezará en julio y su construcción durará 16 meses, habrá 23 expropiaciones. En El Condado se construirán tres de las 28 torres que tendrán entre 30 y 33 metros, y se las edificará en terrenos públicos (vereda y parterre) y en un terreno baldío. Jorge Cisneros, otro especialista del proyecto, señaló que “las cabinas no se verán ni se sentirán porque no hacen ruido y pasarán muy alto” (El Comercio, mayo 16).